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Un 37 por ciento de los comercios vascos afirma que el escenario económico no mejorará hasta 2022

19-may-2020

Para las Cámaras de Comercio Vascas el COVID-19 está teniendo un alto impacto en el sector comercial de Euskadi, al reducir su capacidad productiva y afectar al empleo.

El comercio pasa por un mal momento y se tienen que tomar medidas eficaces ante una situación imprevisible, desconocida y cambiante.  Todos estos efectos han sido analizados a través de una encuesta realizada el pasado mes de abril por Eusko Ganberak - Cámaras Vascas dónde los resultados muestran dos realidades diferentes: comercios que han podido abrir durante la crisis y los que no lo han hecho por obligación legal. Los datos, lógicamente, son más pesimistas en los establecimientos que se han mantenido cerrados durante estos meses.

Un 82,8% de los comercios vascos considera que el principal factor determinante para la salida de la crisis pasa por la activación de la economía a nivel local, seguido por las ayudas del estado (77%), una respuesta unificada a nivel europeo (70,5%) y la consecución de una vacuna contra el COVID-19 (69,6%).

Expectativas Negocio Abril 2020En relación a la duración de la crisis, un 37% de los encuestados afirma que el escenario no mejorará hasta 2022, frente a un 33.6% que cree que será en un año. También existe un porcentaje del 18,8% que siente que la crisis se quedará con nosotros y deberemos adaptarnos a ella.

La evolución del escenario económico es mucho más pesimista en aquellos establecimientos con prohibición de apertura: un 56.9% cree que será brusca y profunda y que la recuperación tardará. En términos generales el nivel de preocupación del comercio vasco es muy alto. Para dos terceras partes de los comercios con prohibición de abrir supone la máxima preocupación (diez sobre diez).  Con respecto a las perspectivas económicas, el comercio prevé una recuperación lenta, aunque existe un mayor optimismo en aquellos negocios sin prohibición de apertura.

Por su parte, las expectativas de los negocios han cambiado radicalmente. Antes de la crisis, un 65.1% de las y los comerciantes que no han podido trabajar preveía una situación buena o muy buena de cara al futuro. No obstante, en la coyuntura actual para un 89,3% la previsión es mala o muy mala. Unos datos algo más moderados son los de aquellos que sí han podido mantener la actividad con un 64.8% antes de la crisis y un 78% después.

¿Cuáles son las dificultades a la hora de abrir de nuevo? Según la encuesta realizada por las Cámaras Vascas se circunscriben a la falta de pedidos, las medidas de seguridad implementadas, los problemas de tesorería, las dificultades de distribución y de aprovisionamiento.

Sin embargo, un 67% de los comercios que ha podido abrir durante este tiempo indica que no ha perdido posición competitiva en el mercado, mientras que la mitad de los comercios con cierre por obligación legal ha visto como la pandemia repercutía negativamente en su posición competitiva.

Evidentemente, el colectivo de los comercios que no ha podido abrir ha visto disminuir sus ingresos drásticamente, la mitad de los mismos por encima del 50% y un 23,1% por encima del 75%. En los comercios abiertos, su descenso se sitúa entre el 20% y el 49%. Los principales motivos, para los primeros, la imposibilidad de realizar su actividad, y en el caso de los segundos la falta de demanda.

A pesar de que la crisis sanitaria está incidiendo de manera importante en el comercio de Euskadi, la gran mayoría de los negocios no tiene previsto variar la dimensión de su plantilla.

Por otro lado, uno de cada cuatro comercios con prohibición de abrir ha perdido sus clientes más importantes y un 50,3% espera perder alguno.

Los principales problemas logísticos corresponden a los comercios abiertos y se centran en los aprovisionamientos (57,1%) y con porcentajes muy similares a los stocks (48,4%) y la distribución (45,1%). Los datos de la encuesta de Eusko Ganberak reflejan que la crisis está originando u originará problemas de liquidez en los comercios vascos, sobre todo en aquellos que no han hecho su apertura. Tres son las obligaciones de pago que más preocupan: los impuestos, los sueldos y salarios, y los pagos a la Seguridad Social. Otro tipo de pagos como los arrendamientos inmobiliarios, los préstamos financieros y el pago de suministros inciden más en el colectivo que no ha podido abrir su establecimiento en abril.

Por otra parte, las principales medidas organizativas del colectivo sin prohibición de abrir son: incrementar las medidas de protección de las y los trabajadores, reducir y/o redistribuir la jornada y la reorganización física de los puestos de trabajo en lo referente a las distancias de seguridad.

En el grupo de comercios con prohibición de apertura, aunque las medidas de protección y la adecuación de los puestos laborales se mantienen entre las prioritarias, se intercala entre ambas la aplicación de un ERTE por fuerza mayor.

Además, se señalan tres medidas empresariales para hacer frente a la epidemia: la solicitud de avales y ayudas, la reducción de la actividad y la revisión de los contratos con clientes y proveedores. El grupo de comercios con prohibición de abrir prioriza la consecución de avales y ayudas, y los que han abierto sus puertas la reducción de actividad.

Entre las previsiones de cambios futuros en la operativa del negocio los dos colectivos comerciales analizados coinciden, pero con prioridades e intensidades diferentes. Los principales cambios: potenciar nuevos canales de venta, explorar nuevos mercados y clientes, y más planes de contingencia.  Sobre la valoración de las medidas adoptadas por las administraciones públicas los comercios de Euskadi las ven insuficientes.

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